El Bisfenol A es una sustancia que puede causar serias alteraciones orgánicas

La preocupación descansa en la evidencia científica de que el Bisfenol A es una sustancia que actúa como disruptor endocrino, esto es, como una sustancia que altera el sistema hormonal de los seres vivos, seres humanos incluidos.

Una nutrida literatura científica ha asociado la exposición a esta sustancia, frecuentemente a niveles de concentración por debajo de las dosis de referencia establecidas por agencias como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), a las más diversas alteraciones. Entre ellas, abortos espontáneos, alteraciones del comportamiento, déficit de atención e hiperactividad, diabetes, obesidad o enfermedades cardiovasculares. También con problemas de fertilidad, adelanto de la pubertad , endometriosis y, probablemente, cáncer de próstata o de mama.

El informe científico State of the art assestment of endocrine disrupters1 realizado para la Comisión Europea resume los efectos de esta sustancia comentando que “el Bisfenol A ha sido muy investigado en los últimos años. Sus efectos son multifacéticos, a consecuencia de su habilidad para bloquear el ER (receptor de estrógeno) y el PR (receptor de la progesterona) y sus propiedades como antagonista de la hormona tiroidea. Se ha demostrado que la exposición durante la organogénesis tiene efectos irreversibles sobre el desarrollo reproductivo, como la hiperplasia de la próstata y un incremento de su sensibilidad al estrógeno en periodos posteriores de la vida y cambios en la arquitectura de los tejidos mamarios. Áreas emergentes de estudio son los riesgos potenciales ligados al cáncer y los efectos adversos sobre el neurodesarrollo que pueden ser asociados a la exposición al Bisfenol A”.

Sería imposible resumir aquí la ingente cantidad de estudios científicos2 que han asociado el Bisfenol A con los más diversos problemas sanitarios, muchas veces a niveles bajísimos de concentración, muy inferiores a las actuales dosis de referencia que han establecido algunas agencias reguladoras, como la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de EE.UU o la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). En algún caso, ya citado en este informe, se veían incluso algunos efectos mayores a niveles más bajos de concentración3, fenómeno aparentemente paradójico que pone en entredicho la linealidad de la relación dosis respuesta.

Entre las alteraciones detectadas en estudios realizados en animales con afán de prever posibles efectos sobre las personas figuran: cambios en el desarrollo mamario que en algún caso podrían tener que ver con una mayor propensión a la aparición de cánceres4, adelanto de la pubertad en hembras5, aparición de anomalías en el aparato reproductor masculino (como aumento del tamaño u otras modificaciones de la próstata6, peor calidad espermática7,…), alteraciones de conducta8, como mayor agresividad9, hiperactividad10 o deficiente cuidado de las crías11, así como a la generación de la resistencia a la insulina que puede preceder a la diabetes tipo 212,….

Concentraciones urinarias de Bisfenol A detectadas en una población general humana han sido asociadas a problemas importantes de salud. Muestra de ello es la investigación publicada en el año 2008 en la Journal of the American Medical Association (JAMA) que establecía una asociación entre los niveles detectados de este contaminante y la diabetes tipo 2, concentraciones anormales de los enzimas del hígado y problemas cardiovasculares13.

También, tras haberse reportado efectos sobre el embarazo a dosis frecuentemente detectadas en el cuerpo humano, se han realizado estudios que han mostrado la presencia de esta sustancia contaminante en el entorno intrauterino14. Otras investigaciones han asociado el Bisfenol A a problemas en el aparato reproductor de las mujeres como diferentes anomalías ováricas15. Entre ellas con los ovarios poliquísticos, tantas veces asociados a infertilidad femenina16, como también lo está la endometriosis, que también ha sido asociada a la exposición al Bisfenol A17.

También se han realizado estudios epidemiológicos en personas, tras haberse constatado efectos sobre animales a concentraciones singularmente bajas18, que han concluido, por ejemplo, que aquellas mujeres con unos niveles más altos de Bisfenol A en la sangre tenían un historial mayor de abortos espontáneos, en algunos casos ligados a anomalías cromosómicas (como la aneuploidía, asociada también por ejemplo al síndrome de Down y a algunos cánceres)19.

Incluso cada vez va habiendo más investigaciones que asocian el Bisfenol A con la obesidad20. Investigaciones diversas han mostrado efectos de las sustancia in vitro en la diferenciación de los adipocitos, la acumulación de lípidos, o el transporte de la glucosa, por ejemplo). Cada vez hay más evidencia de que la exposición en las primeras etapas de la vida a una serie de sustancias que, como el Bisfenol A, actúan como disruptores endocrinos, puede estar implicada en el desarrollo del problema21. Una de las investigaciones más recientes, publicada también en la prestigiosa Journal of the American Medical Association (JAMA), concluía que las concentraciones urinarias de Bisfenol A estaban significativamente asociadas con la obesidad en un estudio realizado sobre niños y adolescentes22. Las más diversas investigaciones con animales no hacen más que mostrar resultados que señalan hacia estos posibles efectos del Bisfenol A23.

Entidades como el Programa Nacional de Toxicología o la propia FDA de EE.UU. han expresado su preocupación por los efectos que el Bisfenol A pudiera tener sobre el desarrollo del sistema nervioso. Numerosas investigaciones sobre animales (como roedores o primates) sustentan esta preocupación24.

Son muchos los aspectos estudiados. Por citar uno, una investigación mostraba que las hijas de aquellas madres que tenían unos niveles algo más altos de Bisfenol A durante el embarazo, daban a luz niñas que al llegar a los dos años exhibían una conducta más agresiva25.

Otras investigaciones han asociado la exposición a sustancias como el Bisfenol A a posibles problemas reproductivos en los hombres26. Por ejemplo, los estudios sobre trabajadores expuestos que muestran una mayor incidencia, entre otras cosas, de problemas de erección y eyaculación27 asociados a niveles bastante bajos de concentración de la sustancia.

Por concluir, una investigación presentada durante el encuentro anual de las Sociedades Académicas de Pediatría en Denver (USA) mostraba que aquellas mujeres embarazadas que tenían en sus cuerpos unos niveles un poco más altos de Bisfenol A tenían el doble de riesgo de que sus hijos tuvieran síntomas asmáticos a los 6 meses de edad28.

En fin. El Bisfenol A ha sido asociado a innumerables problemas sanitarios. Una de las posibles razones es que puede alterar algo tan básico y ligado a tantos procesos como es el equilibrio hormonal, así como la expresión de una ingente cantidad de genes29. No podemos resumir aquí, si quiera someramente, todo lo que ha sido publicado sobre los posibles efectos de esta sustancia, pero esperamos que esto sirva para hacerse una idea de la entidad de los riesgos asociados a ella y la necesidad de adoptar medidas contundentes para proteger a la población.