El Bisfenol A puede causar efectos a dosis bajas ya presentes en nuestros cuerpos

El Programa Nacional de Toxicología (National Toxicology Programme –NTP- del National Institute of Environmental Health Sciences de los Estados Unidos, bajo los auspicios de la Agencia de Protección Ambiental, EPA), coordinó un informe1 sobre la creciente evidencia existente sobre los efectos de que a niveles bajos de concentración pueden producir sustancias que como el Bisfenol A, pueden causar alteraciones hormonales.

El informe mostraba la existencia de muchas investigaciones que cuestionaban ciertos criterios toxicológicos obsoletos que estaban sirviendo para permitir la exposición humana a niveles aparentemente bajos de Bisfenol A, bajo la suposición de que a estos niveles no se producían efectos. La cantidad de estudios que mostraban que a esos niveles “bajos” sí se producían efectos ya era entonces muy notable. Pero la que hay hoy en día, como ya hemos visto, es extraordinaria.

Además, el mismo tipo de resultados no sólo se han obtenido con el Bisfenol A, sino con muchas otras sustancias con efectos análogos de disrupción endocrina lo que hace aún mucho más consistente la evidencia2. En lo que atañe a contaminantes que pueden alterar el equilibrio hormonal el que se puedan producir efectos a niveles muy bajos de concentración es algo muy coherente con una serie de hechos biológicos básicos. Debemos tener presente, por ejemplo, que las hormonas naturales actúan a niveles bajísimos de concentración, por lo que no debe extrañar que las sustancias que alteran el sistema endocrino lo hagan también a bajas concentraciones.

Los resultados de centenares de investigaciones llevan ya muchos años demostrando que la normativa regulatoria debe ser modificada para incorporar debidamente criterios que tengan en cuenta los efectos que puede causar la exposición a niveles bajos de concentración del Bisfenol A.

Existe constancia fehaciente de que con las sustancias que actúan como alteradores hormonales, como el Bisfenol A, no sirve la pretensión, defendida por ciertos criterios toxicológicos que han venido beneficiando los intereses comerciales de algunas industrias, de que solo dosis altas de una sustancia tóxica pueden ser dañinas.

La evidencia científica ha demostrado que puede suceder que los niveles bajos de concentración de una sustancia, por la propia lógica de la realidad de una serie de hechos comprobados experimentalmente, puedan causar efectos incluso más graves que los de los niveles más altos de concentración de la misma.

Son lo que los científicos denominan “curvas de dosisrespuesta no monotónicas” que van contra el esquema toxicológico obsoleto que presupone que a más dosis más respuesta, y que muestran que no es necesaria una dosis más alta para generar efectos mayores, y que en ocasiones esas dosis más altas generan un efecto menor (ver figura).

Esto se ha demostrado con diferentes investigaciones que han comprobado cosas como un significativo crecimiento de la próstata de ratones expuestos en el útero a muy bajas dosis, efecto que no se registraba igualmente a niveles más altos de la sustancia3. También se ha visto, por ejemplo, con experimentos con animales hembra que mostraban efectos análogos sobre el crecimiento del tejido mamario que podía desembocar en cánceres4. Lo relevante de estas investigaciones es que están documentando efectos muy notables a concentraciones a las que los seres humanos estamos ya expuestos.

Algún estudio ha documentado cómo la exposición a niveles muy bajos de Bisfenol A, puede llegar a interferir incluso con los tratamientos hormonales contra el cáncer de próstata humano al contrarrestar sus efectos5. Según estas investigaciones, el Bisfenol A inicia la proliferación de células de cáncer de próstata humano a los niveles de concentración a los que esta sustancia ya suele ser medida en la sangre de los hombres adultos.

Es algo en lo que los científicos se han venido reafirmando con un estudio tras otro: que pueden generarse grandes efectos a consecuencia de aparentemente pequeñas exposiciones, que “de modo semejante al estradiol, el Bisfenol A causa cambios en algunas funciones celulares a concentraciones de entre 1 pM y 1 nM , y la media y el rango medio de Bisfenol A sin conjugar medido con múltiples técnicas en mujeres embarazadas, fetos y adultos, en la sangre humana y otros tejidos, excede de ésos niveles”6.

En definitiva, ciertos criterios toxicológicos que han venido siendo aplicados por ciertas instancias no sirven para determinar si el Bisfenol A y otros contaminantes que son disruptores hormonales producen o no efectos. Han sido experimentos diseñados buscando a veces determinados efectos que se causan solo a concentraciones altas de las sustancias químicas, y que no valen para predecir los efectos de contaminantes hormonales, los cuales pueden ser diferentes a distintas concentraciones.

Como comenta la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA) en un reciente informe “los estándares sobre salud pública y ambiental han confiado históricamente en un dogma central: los efectos tóxicos que ocurren a niveles altos de exposición a una sustancia química no pueden ser inducidos a niveles de exposición mucho más bajos. El trazado de las curvas de respuesta frente a la dosis es monótono y nunca invertido desde positivo a negativo o viceversa. Sin embargo, los estudios con sustancias químicas activas a nivel endocrino contradicen ésa presunción; existe un creciente cuerpo de evidencia que indica que si bien el efecto de una sustancia química en un cierto rango de dosis puede disminuir cuando se reduce la dosis, en dosis muy bajas el efecto puede convertirse realmente en mayor por una serie de claras razones biológicas, resultando en unas curvas de dosis respuesta de trazado no monotónico”7. Y precisamente el Bisfenol A es la sustancia dónde se han estudiado más este tipo de efectos a dosis muy bajas.

Un informe realizado por la Agencia Federal Ambiental de Alemania, de julio de 20108, insiste en que sobre ninguna otra sustancia hay tantos estudios de calidad, como los que muestran efectos del Bisfenol A a niveles bajos de concentración en animales. Sus conclusiones indican que los niveles de Bisfenol A a los que actualmente estamos expuestos en los países occidentales pueden no ser seguros y que, por tanto, urge tomar medidas para reducirlos.