El precedente de la eliminación del Bisfenol A en las botellas para los biberones infantiles

Lo sucedido con la prohibición del Bisfenol A en las botellas de plástico empleados como biberones infantiles ha mostrado como las advertencias de la comunidad científica, cuando son tantas y tan fundamentadas como las que advierten de los riesgos de esta sustancia, acaban forzando a las instituciones a adoptar medidas para proteger a los consumidores.

Incluso instituciones que han mostrado cierta lentitud a la hora de incorporar los datos suministrados por la Ciencia, siendo ahora muy cuestionadas por ello, como ha sido el caso de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), ha tenido que acabar asumiendo una serie de hechos, aunque para ello haya tenido que verse adelantada por decisiones de otras instancias más eficaces de algunos estados miembros de la UE.

En 2010 la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) emitió un dictamen1 en el que establecía, desoyendo una ingente cantidad estudios y declaraciones científicas2, que no era precisa la adopción de medidas adicionales que redundasen en una mayor protección de los consumidores europeos frente a la exposición al Bisfenol A.

Sin embargo, otras entidades, dentro y fuera de la UE sí prestaron oídos a la Ciencia. Canadá declaró oficialmente al Bisfenol A como sustancia tóxica preocupante. Y Francia y Dinamarca decidieron limitar su uso en biberones infantiles. Después se unirían otros países como Suecia o Austria, país este cuyo Ministerio de Sanidad anunció su intención de prohibir el Bisfenol A en productos para niños si la UE no adoptaba medidas. El Ministerio de Medio Ambiente de Alemania publicó una nota recomendando a productores y usuarios aplicar el principio de precaución con el Bisfenol A.

Finalmente, a pesar de la lentitud de la EFSA, la Comisión Europea, ante la enorme acumulación de estudios científicos existentes sobre los riesgos de esta sustancia que estaban llevando a que cada vez más países adoptasen medidas, decidió la prohibición del Bisfenol A en los biberones infantiles que entró en vigor en la UE desde junio de 20113.

España, lejos de estar en vanguardia como habían hecho otros países, se limitó a realizar la trasposición de ésa directiva comunitaria, lo que se produjo con la Orden PRE/628/2011, de 22 de marzo, por la que se modifica el Anexo II del Real Decreto 866/2008, de 23 de mayo, por el que se aprueba la lista de sustancias permitidas para la fabricación de materiales y objetos plásticos destinados a entrar en contacto con los alimentos y se regulan determinadas condiciones de ensayo4.

La prohibición de la utilización del Bisfenol A en los biberones, adoptada por la Comisión Europea (siguiendo los pasos de naciones como Francia) fue un primer paso que incorporaba parte de la preocupación de los científicos internacionales, e intentaba proteger a uno de los sectores más vulnerables de la población, los niños.

Al mismo tiempo, al mostrar que la comunidad científica tenía razón y que existían motivos serios de preocupación, preparaba para la adopción de medidas más ambiciosas que supusieran más restricciones de uso de la sustancia, ya que era evidente que la medida adoptada era demasiado parcial y que la protección adecuada de la población, niños incluidos, debería implicar la eliminación del Bisfenol A en más productos aparte de los afectados por ésa primera medida.

Algunos países de la UE pronto comenzaron a adoptar medidas que iban más allá de las emprendidas por la CE, aunque en un primer momento, dirigidas a también a productos que específicamente tenían que ver con los niños. De nuevo, fue un país que ya antes se habían adelantado a la CE, y a la EFSA, y que había visto respaldada su decisión anterior con el seguimiento de la misma por toda la UE, el que volvió a tomar la iniciativa.

Dinamarca, decidió que además de prohibir el uso de la sustancia en los biberones debía hacerse en el envasado de alimentos destinados a niños menores de tres años5.

Por su parte, Austria también dictó normas más exigentes6. Bélgica inició los trámites para eliminarlo de todos los productos que pudieran estar en contacto con alimentos para niños menores de tres años7. Y otras naciones, habían adoptado otras medidas. Noruega, por ejemplo, desarrolló iniciativas para eliminar una serie de sustancias, entra las cuales estaba el Bisfenol A, en productos de consumo8.

En estos momentos la cuestión que se abre paso con fuerza en la UE es la necesidad de extender ése tipo de medidas más allá de los productos específicamente destinados a los niños, de modo que se tenga en cuenta la presencia de esta sustancia en otros productos que pueden generar situaciones preocupantes de exposición humana tal y como son otros envases alimentarios como las latas de comida a las que se expone la población general de todas las edades.

La preocupación es mayor al pensar en los sectores de población más vulnerables a los efectos de los contaminantes, tales como las mujeres embarazadas.