El principio de precaución

El Principio de Precaución11 permite una respuesta rápida ante un posible peligro para la salud humana, sin esperar a disponer de todos los datos y a disponer de una plena certeza, ya que, dada la lentitud con que tales certezas absolutas o cuasi absolutas llegan a alcanzarse (si es que tal cosa acontece alguna vez en la Ciencia, donde la duda sistemática es una constante) no actuar representa permitir que una serie de daños se sigan produciendo. Existen ejemplos en los que la no adopción a tiempo del Principio de Precaución, normalmente por intereses económicos que han hecho que una enorme cantidad de estudios científicos no fuesen tenidos debidamente en cuenta, propició la enfermedad y muerte de miles de personas. Un ejemplo de ello es el del amianto, pero los casos son muy numerosos, unos con más consecuencias y otros con menos12. En el caso del Bisfenol A, el consenso mayoritario de la Ciencia indica que los riesgos son lo suficientemente importantes como para aplicar este principio con urgencia.