Bisfenol A

Está presente en cosas muy usadas como el plástico policarbonato (usado en CDs, DVDs, carcasas de ordenadores, electrodomésticos, etc.) o las resinas epoxi, que recubren el interior de muchas latas de comida y bebida, y que se integran también en muchas pinturas y recubrimientos de superficies, pegamentos muy usados en construcción y decoración, etc. También en empastes de dientes. Y puede encontrarse como aditivo en otros plásticos diferentes del policarbonato.

No es de extrañar que por unas u otras vías pequeñas cantidades de esta sustancia acaben en nuestros cuerpos (desde la alimentación a la simple respiración del polvo doméstico, o  su migración a los alimentos desde algunos plásticos delgados con que se envuelven, sobre todo si son calentados, entre otras).

bisfenol
Virtualmente todos los occidentales tenemos bisfenol A en nuestros organismos. Y es una sustancia que se sabe que puede causar efectos por ejemplo como alterador hormonal, a niveles bajísimos de concentración (muy por debajo con frecuencia de los niveles que han establecido como referencia "segura" algunas administraciones).

La UE, tras mucho resistirse (defendiendo los intereses de la industria), decidió no permitir un uso muy frecuente de esta sustancia durante mucho tiempo: el plástico de las botellas de los  biberones infantiles, por los riesgos que podía entrañar para el sistema inmunológico y el desarrollo infantil, ya que, al calentarse, pasaba del plástico a la leche. Otros usos que pueden causar contaminación del cuerpo humano con bisfenol A como el de las latas de comida no han sido prohibidos.

Pocas sustancias han sido tan estudiadas acerca de sus posibles efectos sanitarios. Centenares de investigaciones científicas sobre esta sustancia dan base a una enorme preocupación sobre sus posibles efectos sanitarios en las personas.

Estudios sobre animales han asociado  el bisfenol A con menor producción de esperma, anomalías genitales masculinas, cambios de conducta que entrañan cosas como mayor agresividad o peor cuidado de las crías, alteraciones en el tejido mamario que pueden propiciar el desarrollo de tumores...

Una investigación estadounidense publicada en la Revista de la Asociación Médica Americana, basada en el seguimiento de centenares de personas adultas a las que se midió su nivel de concentración de bisfenol A en orina y la posible vinculación de eso con diversos problemas, encontró que existía una clara relación con la diabetes tipo 2, con problemas con los enzimas hepáticos y con problemas cardiovasculares.

El bisfenol A ha sido asociado también a alteraciones inmunológicas, efectos tiroideos, obesidad, problemas de fertilidad femeninos, poliquistosis ovárica, anomalías cromosómicas en los fetos, adelanto de la pubertad en niñas, alteraciones prostáticas, malformaciones genitourinarias...

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