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37 organizaciones civiles exigen a la UE reforzar REACH y proteger a la población de sustancias químicas peligrosas
37 ORGANIZACIONES DE LA SOCIEDAD CIVIL EXIGEN A LA UE QUE NO DEBILITE EL REGLAMENTO REACH QUE PROTEGE LA SALUD DE LOS CIUDADANOS FRENTE A LAS SUSTANCIAS TÓXICAS
Ante la grave contaminación química que padece el continente europeo, la comunidad científica y la sociedad civil llevan años reclamando que se mejore el Reglamento REACH, la principal norma de productos químicos de la UE. Sin embargo, la fiebre desreguladora de la actual Comisión Europea, amenaza ahora no solo con no mejorar la norma sino con empeorarla gravemente, desprotegiendo aún más la salud de las personas y el medio ambiente.
Ante esa situación, 37 organizaciones de la sociedad civil europea han publicado la siguiente Declaración[i]:
La población europea no está siendo adecuadamente protegida
frente a las sustancias químicas nocivas
Las sustancias químicas sintéticas están presentes por doquier. Hacen posibles procesos de fabricación, servicios y productos de consumo de las economías modernas, pero muchas son peligrosas y suponen graves riesgos para la salud humana, los derechos fundamentales y el medio ambiente. Las sustancias químicas dañinas siguen utilizándose de forma generalizada, incluso en nuestros hogares y lugares de trabajo.
Europa afronta una crisis de contaminación química que contribuye a la aparición de enfermedades graves y que representa miles de millones de euros anuales en costes sanitarios, medioambientales y sociales. A pesar de los repetidos compromisos políticos en favor de una mejora de la legislación de la UE, los europeos siguen sin estar adecuadamente protegidos. Se ha incumplido el alto nivel de protección prometido por la legislación de la UE.
La protección debe ser el objetivo principal de la Comisión Europea
Adoptado en 2006, REACH es la columna vertebral de la política de seguridad química de la UE. Estableció requisitos de información sobre la cadena de valor, mejoró el conocimiento sobre los peligros, dio prioridad a la regulación de las sustancias químicas más peligrosas y reforzó la capacidad de las autoridades para controlar los riesgos químicos. Junto con el Reglamento CLP, REACH situó a la UE a la vanguardia mundial en materia de regulación de sustancias químicas. Incluso fue copiado y adaptado por otros países.
Sin embargo, veinte años de aplicación laxa han permitido que sustancias químicas dañinas conocidas permanezcan en el mercado durante décadas, bloqueando los esfuerzos por desarrollar y comercializar alternativas más seguras, al tiempo que se obstaculizaba la transición hacia una economía circular. Al mismo tiempo, la UE se está quedando atrás en materia de innovación química: otras regiones están avanzando en políticas sobre sustancias químicas que abordan los polímeros, el efecto cóctel o las alternativas a los PFAS. Esta pérdida de liderazgo no beneficia a la industria ni a las personas trabajadoras y consumidoras europeas. Por el contrario, una regulación química estricta es un motor clave de la innovación y la competitividad a largo plazo de la UE.
Estos retos se identificaron y abordaron claramente en la Estrategia Europea de Sostenibilidad de los Productos Químicos (CSS), adoptada en 2020 tras una amplia consulta a expertos y partes interesadas. La CSS establece una visión coherente para reforzar la protección y apoyar la innovación. Debe seguir siendo el marco rector y la visión de las acciones de la Comisión en materia de política de productos químicos.
Lo que se necesita con urgencia
Por lo tanto, se necesita urgentemente una ambiciosa aplicación, cumplimiento y modernización del marco de la UE en materia de sustancias químicas, en consonancia con la ciencia del siglo XXI, a fin de ofrecer el prometido nivel de protección contra las sustancias químicas y sus mezclas peligrosas, así como para acelerar la identificación y la eliminación gradual de las sustancias químicas más dañinas, como las que ya figuran en la Hoja de Ruta de Restricciones.
REACH debe garantizar que nunca más se repitan crisis de contaminación como la de las sustancias PFAS y contribuir a las prioridades clave de la UE en materia de salud, como el Plan Europeo contra el Cáncer, así como hacer posible una economía circular libre de sustancias tóxicas.
Contamos con la Comisión Europea, el Parlamento Europeo y los Estados miembros para que rechacen cualquier intento de desregulación disfrazado de “simplificación” y promuevan una legislación que garantice una protección eficaz de la salud y el medio ambiente.
La desregulación disfrazada de «simplificación» pone en peligro a las personas
Sin embargo, en lugar de tomar medidas rápidas para reforzar las protecciones de seguridad química, la Comisión está impulsando una agenda desreguladora que atiende a las demandas de la industria, enmarcada como ‘simplificación’. En realidad, este enfoque equivale a una desregulación, con graves consecuencias para la salud, el medio ambiente, los derechos humanos y la confianza pública, incluida la propuesta Omnibus sobre Productos Químicos que, si se aprueba, facilitará y ampliará el uso en cosméticos de sustancias químicas que, por ejemplo, causan cáncer o afectan a la fertilidad, ralentizará el desarrollo de alternativas más seguras y reducirá significativamente el acceso de personas consumidoras y los trabajadoras a la información sobre sustancias químicas peligrosas. Esto afecta especialmente a grupos vulnerables, como la infancia o las mujeres embarazadas. El estancamiento de la Hoja de ruta sobre restricciones, el plan de la UE adoptado en 2022 para restringir las sustancias químicas más peligrosas –conocidas desde hace décadas por sus efectos dañinos para la salud humana y el medio ambiente- es otra prueba clara de la falta de compromiso con la salud pública y el medio ambiente.
Un REACH fuerte es el camino hacia la competitividad, no el problema
La industria química europea afronta retos reales, como los elevados costes energéticos, la dependencia de los combustibles fósiles y la competencia global desleal. Pero debilitar REACH y paralizar su aplicación no resolverá estos problemas estructurales. Al contrario, la incertidumbre normativa y el retraso en la adopción de medidas mantienen a Europa en una dependencia tóxica y frenan la innovación. La UE debe abordar los retos de la industria (energía, materias primas, igualdad de condiciones) al tiempo que refuerza REACH, en lugar de desmantelarlo. Una regulación ambiciosa de los productos químicos es esencial para acelerar la innovación, apoyar alternativas más seguras y garantizar la competitividad a largo plazo.
La adopción, la aplicación y el cumplimiento de una legislación estricta en materia de sustancias químicas es la única vía sensata desde el punto de vista económico. Los costes de la contaminación química pueden superar con creces los beneficios que su producción reporta a la sociedad. Según un estudio publicado por la Comisión Europea[ii], si los niveles actuales de contaminación por PFAS en Europa se mantienen hasta 2050 sin que se adopten medidas regulatorias, el coste alcanzará aproximadamente 440 000 millones de euros durante ese período. Abordar estas emisiones de PFAS en su origen para 2040 supondría un ahorro de 110.000 millones de euros, mientras que el tratamiento del agua contaminada por sí solo costaría más de un billón de euros.
Detener la ‘captura corporativa’ de la política de la UE en materia de sustancias químicas
La orientación de las recientes iniciativas de la Comisión refleja un preocupante patrón de captura corporativa, en el que determinados intereses industriales están configurando las prioridades políticas a expensas de la salud pública, los derechos fundamentales y la protección del medio ambiente. Los foros políticos de alto nivel y las declaraciones, como los relacionados con la declaración de Amberes y la Alianza para los Productos Químicos Críticos, han influido cada vez más en las decisiones de la Comisión, dejando de lado las pruebas científicas, las aportaciones de la sociedad civil y las propias obligaciones legales de la UE. Casi el 70 % de las reuniones celebradas por los miembros del gabinete de la Comisión el año pasado fueron con representantes de la industria.
Es necesario hacer frente a esta erosión de la elaboración de políticas basadas en la evidencia. La seguridad química es una cuestión de interés público, y las decisiones deben guiarse por la ciencia, la precaución y la obligación del Tratado de la UE de garantizar un alto nivel de protección.
La seguridad química es una responsabilidad de la UE
La población europea necesita que los responsables políticos cumplan el objetivo principal de REACH: un alto nivel de protección de la salud humana y el medio ambiente. Sin más demoras y sin compromisos a expensas de nuestra salud.
[i][i] El texto original en inglés:
[ii] https://op.europa.eu/en/publication-detail/-/publication/2bcea765-fbf8-11f0-8da5-01aa75ed71a1/language-en
