Embarazo sin tóxicos

Las mujeres embarazadas pueden exponerse inadvertidamente  y a diario a sustancias químicas que podrían poner en riesgo la salud del feto 

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•    Este libro recoge y explica los conocimientos actuales de la ciencia al respecto y ofrece consejos prácticos, en tono divulgativo, para que las mujeres embarazadas aprendan a detectar los riesgos y proteger su salud y la de sus hijos

•     Existen más de 900 compuestos disruptores endocrinos, muchos de ellos presentes en champús, geles, cremas, plásticos, tejidos, productos de limpieza o ambientadores, entre otros productos aparentemente inocentes de uso cotidiano

•     Un estudio en EE.UU. demuestra la presencia en los cordones umbilicales de 287 sustancias tóxicas, algunas de las cuales podrían tener efectos incluso a niveles muy bajos o provocar problemas de salud que no aparecerán hasta la edad adulta

Madrid, 19 de junio de 2019.- El embarazo es uno de los momentos claves de la vida, una etapa en la que el feto es tremendamente vulnerable a las influencias del entorno y sobre todo a la exposición inadvertida a numerosas sustancias químicas nocivas. Muchos de esos compuestos pueden suponer un riesgo para el correcto desarrollo del feto, e incluso ser el origen de enfermedades que se manifestarán mucho después, durante su vida adulta. Para divulgar, concienciar y ayudar a las mujeres embarazadas a prevenir estos riesgos, Ediciones i acaba de publicar el libro Embarazo sin tóxicos, escrito por el comunicador medioambiental Carlos de Prada, responsable de la campaña Hogar sin tóxicos.

Ftalatos, bisfenol A, compuestos perfluorados, retardantes de llama, alquilfenoles, plomo, formaldehído, pesticidas, disolventes, etc., son algunas de las sustancias a las que nos exponemos a diario y, lo que es peor, inadvertidamente, porque pueden estar presentes en objetos y productos tan cotidianos y aparentemente inofensivos como cosméticos y productos de aseo, ambientadores y productos de limpieza, pinturas, barnices, ropa y tejidos, muebles, plásticos… Embarazo sin tóxicos explica y analiza, a lo largo de sus 371 páginas, en tono divulgativo y de fácil asimilación pero sin renunciar a la bibliografía científica, cuáles son las sustancias más problemáticas y dónde pueden ocultarse, qué efectos podrían causar, qué situaciones de riesgo pueden darse y, sobre todo, qué hacer para evitarlas o minimizarlas. Según explica De Prada, “es importante ofrecer información inmediata, útil y comprensible, pero sin alarmismos, a las mujeres que no tienen tiempo para profundizar y que simplemente necesitan unos consejos rápidos y sencillos que les ayuden a reducir los posibles riesgos, pero el libro también ofrece información más profunda a aquellas personas preocupadas por los tóxicos cotidianos”.

El científico Nicolás Olea, catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada, investigador de primer nivel sobre los efectos de estas sustancias en la salud y uno de los mayores expertos a nivel mundial en estos temas, subrayó durante la presentación del libro la importancia de esta obra “en un contexto en el que impera la desconfianza de lo oficial, el fracaso en la atención a la salud de la población en lo referente al riesgo químico, con unos organismos oficiales desacreditados que sirven a sus intereses y no a los de los ciudadanos. Este libro es oportuno y viene a llenar los vacíos que la Administración europea se resiste a cumplimentar. La lectura de este libro te ayudará a entender de qué va el asunto, a organizar tu entorno en casa y en el trabajo, y a tomar medidas antes de que las consecuencias sean aún más ostensibles. Nadie está libre de riesgo”.

Y no sólo hay que controlar los productos y sustancias que tenemos en el hogar. Las mujeres trabajadoras, por ejemplo, están expuestas a riesgos añadidos específicos que deben conocer y sopesar incluso antes de quedarse embarazadas. “No hace falta trabajar en una industria química o metalúrgica ni en una refinería. En una simple peluquería pueden emplearse productos preocupantes. A veces incluso en una aparentemente inocente oficina pueden detectarse, aunque sea a niveles bajos de concentración, algunas sustancias perjudiciales que sería conveniente reducir”, puntualiza Carlos De Prada.

Tóxicos en la placenta y el cordón umbilical

Se trata de sustancias potencialmente nocivas para la salud a las que todos estamos expuestos a diario, pero en el periodo de gestación los posibles riesgos aumentan. La placenta es permeable al paso de muchos de estos tóxicos, que pueden acumularse en su interior en concentraciones mayores que en el cuerpo de la madre. Un estudio realizado en Estados Unidos (Environmental Working Group, 2005) mostraba la presencia de 287 sustancias tóxicas en los cordones umbilicales.

Sin embargo, muchos médicos especializados que atienden a las madres durante los embarazos no tienen aún la debida información sobre este problema, tal y como muestra otro estudio hecho también en Estados Unidos (PLOS One. June 25, 2014), según el cual solo 1 de cada 15 obstetras habían recibido formación sobre este tema. En España, salvo alguna honrosa excepción, ni las autoridades ni los médicos informan convenientemente a las mujeres embarazadas o con planes de estarlo.

La regulación no ayuda, porque el control oficial de muchas sustancias químicas es deficiente. La comunidad científica ha alertado repetidamente sobre las graves carencias de los sistemas oficiales de evaluación del riesgo, demasiado dependientes de los intereses de la industria y ajenos con frecuencia a las situaciones reales. Tal y como explica Carlos de Prada, “un ejemplo claro de ello es que los sistemas oficiales evalúen el riesgo de que una persona se exponga solo a un contaminante aislado cada vez, cuando la realidad es que  una misma persona se expone, simultáneamente, a mezclas de muchas sustancias diferentes, y evidentemente no es lo mismo el efecto de una sola sustancia aislada que el de 20 o más a la vez”.

Demasiadas incertidumbres

Preocupan especialmente los compuestos químicos considerados disruptores endocrinos, es decir, con capacidad de alterar el normal funcionamiento de nuestro sistema hormonal. Lo que nos dice la ciencia es que este tipo de compuestos, de los que hasta ahora se han identificado más de 900, pueden tener efectos incluso a niveles muy bajos, sin que exista con claridad un nivel seguro. Ante las incertidumbres existentes, debería aplicarse el denominado principio de precaución, que dice que aunque no haya certeza plena de que algo causa un efecto, si existen evidencias notables de que pudiera estar causándolo, se debe actuar de forma preventiva. “Lamentablemente, esto no se está haciendo en demasiadas ocasiones”, explica De Prada.

El investigador Nicolás Olea también quiso resaltar los vacíos regulatorios existentes “que la Administración se resiste a cumplimentar”, y se refirió concretamente a la Resolución que aprobó el Parlamento Europeo el pasado 15 de abril en materia de disruptores endocrinos. En dicho documento, el Parlamento pide a la Comisión Europea que adopte urgentemente todas las medidas necesarias para garantizar un nivel elevado de protección de la salud humana y del medio ambiente frente a estas sustancias. Según Olea, “el documento no tiene desperdicio. Pone en evidencia la absoluta e intolerable dejadez de la Comisión para gestionar el riesgo químico, el abandono de sus obligaciones y el consumo excesivo de tiempo, más de 22 años, para aplicar unas normas que deberían ser de rutina en la evaluación de los compuestos químicos usados en el pasado, empleados en el presente o planeados para el futuro”.

Centenares de investigaciones científicas, muchas de ellas referenciadas en Embarazo sin tóxicos, asocian la exposición a estos compuestos durante el embarazo con problemas como abortos espontáneos, partos prematuros, malformaciones congénitas, problemas en el desarrollo cerebral, cánceres infantiles, etc. En la obra se citan muchos ejemplos concretos de sustancias, como algunos ftalatos, que están presentes en plásticos, productos de limpieza, de aseo y de cosmética, etc., y que han sido relacionados en distintos estudios con un mayor riesgo de parto prematuro, pero también  a ciertas alteraciones en el desarrollo del aparato genital de los niños varones; o como insecticidas domésticos, que han sido asociados a un mayor riesgo de leucemia infantil, y también al linfoma no Hodgkin.

Consejos y alternativas para protegerse

El autor de Embarazo sin tóxicos aclara que “no es positivo que se genere una alarma excesiva pero tampoco se puede ignorar que realmente existe un problema, como alerta la propia OMS. La buena noticia es que, aunque en la sociedad actual es muy difícil evitar todas las exposiciones, con una serie de sencillas medidas se puede conseguir reducirlas sustancialmente”.

Por ejemplo, tal y como se explica en Embarazo sin tóxicos, en el trabajo conviene que las mujeres embarazadas conozcan los derechos legales que les asisten a la hora, por ejemplo, de solicitar un cambio de puesto si aquel en el que están entraña una serie de riesgos para la gestación. En la alimentación, es necesario ser consciente de la posible presencia de tóxicos en algunas especies de pescado, o de residuos de pesticidas en frutas y verduras. En el lugar en que se vive, hay que estar al tanto de los contaminantes propios tanto de las zonas agrícolas como urbanas. En el hogar, sería necesario acometer algunas medidas relacionadas con los productos de limpieza convencionales de uso diario, los ambientadores sintéticos, los pesticidas domésticos, los cosméticos y productos de aseo, o el agua del grifo.

Reducir la exposición a tóxicos puede ser clave para garantizar un embarazo sano.

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