España debe asumir el alcance real de los daños ecológicos de los pesticidas adoptando medidas más contundentes para prevenirlos

Como sucede con los impactos sanitarios, España debe también reconocer claramente el verdadero alcance de los daños ambientales que está produciendo el actual nivel de uso de pesticidas (más allá de lo que se trasluce en textos aprobados como el Real Decreto 1311/2012 de 14 de septiembre y el Plan de Acción para el uso sostenible de productos fitosanitarios. Noviembre 2012, entre otros).

La propia FAO -en su Código internacional de conducta sobre la distribución y utilización de plaguicidas. Directrices para el desarrollo de políticas de manejo de plagas y plaguicidas de junio de 2010- desgrana algunos de estos efectos al decir que “las principales preocupaciones sobre los pesticidas tienen que ver con la contaminación del agua y el suelo, efectos negativos sobre recursos naturales básicos para la agricultura (biodiversidad, mecanismos naturales de control de las plagas, polinizadores, ecología de los suelos...) y la bioacumulación y sus efectos sobre la vida salvaje. La toxicidad para los peces y las abejas son a menudo motivo de singular preocupación”.

Son preocupaciones que no han sido debidamente atendidas en España hasta ahora, a pesar de la acumulación de estudios científicos que están mostrando graves motivos de preocupación sobre los efectos ambientales de los pesticidas.

La Administración española no solo debe reconocer estos daños, sino también promover el conocimiento de los mismos, ya que si es mucho lo que se sabe, y que demuestra la proporción de los impactos, es clave descubrir o confirmar daños menos estudiados pero que también pueden estar afectando muy seriamente a la naturaleza española. En ese sentido, deben habilitarse planes que impulsen la investigación científica sobre estos aspectos.

Debe también adoptar medidas más potentes para prevenir esos daños. Una ocasión inmejorable de hacerlo es, por ejemplo, liderar las acciones europeas para proteger a los insectos polinizadores, absolutamente claves para el equilibrio de los ecosistemas y para la propia productividad agraria, mediante la prohibición de todos aquellos pesticidas que pueden dañarles. También, entre otras cosas, promover el conocimiento y la prevención de los efectos que los pesticidas que actúan como disruptores endocrinos están causando en la fauna española (peces, anfibios, aves,...).

Una iniciativa interesante podría ser, entre otras, establecer la progresiva eliminación del uso de pesticidas en el interior y en el entorno de espacios naturales de singular interés -Parques Nacionales, Parques Naturales, espacios de la Red Natura 2000,...- , en los que se aplicarían unos calendarios de reducción en el uso de pesticidas más exigentes que en el conjunto del país. Teniendo en cuenta no solo el efecto beneficioso que ello tendría para la biodiversidad en los espacios en sí mismos sino que muchos de estos espacios, por ejemplo, los de montaña, son reservas u origen de recursos claves como el agua, adoptar tales medidas sería especialmente importante. Aunque, evidentemente, que pueda actuarse más contundente y rápidamente en estas zonas no ha de implicar que se descuide que ha de ser en la generalidad del país donde debe reducirse el uso de pesticidas.