Móvil, teléfono inalámbrico y wifi

Las frecuencias  de a partir de 3 MHz tienen energías elevadas y baja penetrabilidad en tejidos. Éstas son generadas por aparatos y antenas de telefonía móvil e intercambio de datos, WiFi, WiMax, teléfonos inalámbricos DECT, televisión digital terrestre (TDT), radares, etc. Se trata de nuevas tecnologías que todos utilizamos en nuestra vida diaria y cuyas consecuencias para la salud despiertan cada vez mayor preocupación.

A continuación se muestran los diferentes efectos que pueden provocar las tecnologías de altas frecuencias.

Efectos a corto plazo

  • Dificultad para conciliar el sueño
  • Calambres en las piernas
  • Dolores musculares
  • Sonambulismo
  • Ocasionalmente, estados de ansiedad, agresividad, hiperactividad y déficit de atención

Efectos a medio y largo plazo

  • Trastornos nerviosos
  • Síndrome de fatiga crónica
  • Estrés, irritabilidad
  • Insomnio crónico
  • Depresiones
  • Cefaleas
  • Dolores  de músculos y articulaciones
  • Enfermedades crónicas y degenerativas
  • Enfermedades autoinmunes (cáncer y leucemia)

Son muy numerosos los científicos que dedican actualmente sus esfuerzos a determinar cuál es la influencia real de las radiofrecuencias, en especial cuando hablamos de telefonía móvil: efectos sobre la actividad cerebral, influencia en desarrollo de tumores cerebrales, cambios en el ritmo cardiaco, infertilidad, etc.

Chica mirando móvil

La normativa actual se basa únicamente en los efectos térmicos sobre los tejidos. Aunque se han demostrado los efectos no térmicos de las radiaciones de altas frecuencias, no se ha determinado el mecanismo biológico que tiene lugar, por lo que las autoridades no contemplan dichos efectos no térmicos.

Esto ha dado lugar a una legislación internacional muy permisiva en general, excepto unos pocos países muy comprometidos en este aspecto. Se trata de países como Suecia, en los que se aplica el principio de precaución antes de exponer a la población a un peligro cuyas consecuencias a largo plazo aún no están claras. En este país la hipersensibilidad electromagnética está reconocida como enfermedad y es causa de baja laboral y de ayudas estatales para adecuar la vivienda a una menor contaminación electromagnética. También Austria, Italia y Rusia están mejorando sus legislaciones con unos límites de exposición mucho más estrictos que en España, la UE o EE.UU.

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