Pesticidas domésticos

Tienen un lugar destacado entre los productos peligrosos del hogar.

pesticidas domésticosEn primer lugar es bueno que leamos sus etiquetas, que si bien no nos advertirán de algunos riesgos, sí que lo harán acerca de otros  muy evidentes pero que muchas personas no tienen en cuenta. Hemos de huir de la impresión de que el hecho de que estén a la venta para su uso en casa implique su inocuidad.

Aparte de las etiquetas están también las Fichas Internacionales de Seguridad Química que pueden ser consultadas a través de internet y que dan algo más de información sobre los riesgos, aunque tampoco demasiada. Sin embargo no faltan algunas que previenen sobre cosas como evitar la exposición de niños y embarazadas, por ejemplo.

Son productos con los que hay que tener mucha prevención, caso de usarlos (necesidad más que discutible). Y saber que , al margen de los compuestos que pueden liberar al ambiente que respiramos en los primeros momentos tras su empleo, con frecuencia pueden originar una contaminación residual de nuestros hogares que persista más tiempo en ellos.

Además, hay investigadores que nos llaman la atención sobre el hecho de que no deben preocuparnos solo los principios activos que contienen, que suelen integrar una muy mínima parte de lo que se hay dentro de los envases, sino también muchas otras de las sustancias que los acompañan, como es el caso de los llamados “inertes” que suelen  integrar la mayor parte de la composición y que se aportan con diversos fines: disolventes, agentes tensioactivos, conservantes,... En las etiquetas de los pesticidas, sean para uso en el hogar o no, ha aparecido tradicionalmente poca información detallada acerca de buena parte del contenido de estos productos. La Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos ha presionado para conseguir que se revelen en las etiquetas estos ingredientes secretos, miles de sustancias diferentes, muchas de los cuales pueden ser peligrosas (formaldehído, bisfenol A, ácido sulfúrico, tolueno, benceno, estireno, xileno, naftaleno...).

Es importante hacer notar que muchos de los test de toxicidad sobre pesticidas se han hecho solo con los principios activos pero no con lo que contiene realmente el producto completo que se pone a la venta.

Hay estudios que muestran que la mezcla de los “inertes” con los principios activos (es decir, lo que se pone a la venta) puede causar más efecto que el principio activo solo, que es lo que se suele estudiar para autorizar muchos productos, además de otras cosas como incrementar su penetración, su persistencia, etc.

Las exposiciones agudas a los pesticidas pueden provocar efectos severos. Es el caso de muchas personas que tras una fumigación contra las cucarachas han desarrollado cuadros como hipersensibilidades o síndrome de fatiga crónica. Pero hay efectos más sutiles, generados por niveles más bajos, y más frecuentes, de exposición.

Hay estudios que han asociado la exposición a pesticidas domésticos con diferentes problemas de salud, por ejemplo con el cáncer de mama o con la leucemia linfoblástica aguda infantil. O, como sucede con la exposición a la permetrina y el butóxido de piperonilo, a efectos sobre el desarrollo mental infantil.

Por citar solo uno de los tipos de pesticidas más usados hoy en día en los hogares, el de las piretrinas / piretroides, veremos que hay estudios científicos que los han asociado, con bastante carga de evidencia a problemas como neuropatía periférica, neumonitis (hipersensibilidad), o asma. También hay algunas investigaciones que los asocian a déficit de atención/hiperactividad, leucemias de adulto , anticuerpos de autoinmunidad, cáncer de vejiga, cáncer de pulmón, Parkinson, convulsiones... La permetrina , en concreto, ha sido asociada por algún studio al síndrome de la Guerra del Golfo, cáncer de hígado, trombocitopenia púrpura...

Durante mucho tiempo se ha venido permitiendo el uso doméstico de pesticidas que, como el clorpirifos y otros, se acabó limitando en algunos  países.

Con ello tuvo que ver los estudios que se iban publicando. El clorpirifos, por ejemplo, ha sido asociado a inmunosupresión, bajo peso al nacer, trastornos psiquiátricos, déficit de atención /  hiperactividad, anticuerpos de autoinmunidad, cáncer cerebral en adultos, deterioro cognitivo,  cáncer colorrectal, cáncer de pulmón...

Antes de autorizarse productos como el clorpirifos, se autorizaban otros como los pesticidas organoclorados, que también acabaron prohibiéndose o limitándose.

Ello es muestra de que la sustitución por compuestos que en principio parecen no causar ciertos problemas puede acabar por originar otros nuevos o a veces los mismos de otra manera. Y que acaso los que ahora se consideran menos dañinos acaso acaben demostrando no ser tan inocuos. De hecho, como hemos visto, se están publicando investigaciones en ése sentido.

No debemos olvidar que no solo los pesticidas en spray o aerosol pueden causar problemas, también cosas como un antipolillas, que en algunos casos puede difundir compuestos volátiles peligrosos. Durante mucho tiempo, por ejemplo, se han usado bolas con sustancias peligrosas como el paradiclorobenceno, por ejemplo.

Aparte de los pesticidas usados dentro de las habitaciones, también puede ser preocupante el uso de pesticidas en el jardín, que a veces puede ser muy intenso y con sustancias muy preocupantes. Todo ello puede generar riesgos para los que los aplican y para los que puedan exponerse a los residuos que persisten como las mujeres embarazadas y los niños.

Y, por supuesto, aparte de los usados para intentar matar roedores (que pueden entrañar muchos riesgos evidentes, por ejemplo para los niños), no conviene olvidar tampoco los que se usan para combatir parásitos que pueden cebarse en las personas o las mascotas. Estos últimos pueden representar exposiciones muy intensas a sustancias preocupantes, a las que además, los parásitos han venido haciéndose resistentes.

Durante mucho tiempo, se usaban masivamente contra los piojos sustancias tan preocupantes como el lindano, un pesticida organoclorado con el que se masajeaba la permeable piel de la cabeza de los niños. Como también se ha hecho con otras sustancias que también merecen precaución como piretrinas, butóxido de piperonilo o el malatión.

Por último, no conviene olvidar que además de los pesticidas a los que podemos exponernos por usarlos en el hogar estamos también expuestos a los que nos llegan a través de la alimentación o el agua o a los que podemos exponernos en otros lugares, como los lugares de trabajo, oficinas, transportes, etc. Todo ello puede incrementar la presencia de este tipo de compuestos en nuestros cuerpos.

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